martes

MANOLETINAS

Pues resulta que las manoletinas ya no son manoletinas. Ahora se llaman bailarinas. De siempre, ese calzado plano y con lacito delante había llevado el nombre del torero que según mi padre estoqueaba rojos en la posguerra.

Compruebo que desde hace un tiempo han cambiado su denominación en los carteles publicitarios. Y es que se vende mejor una bailarina que una manoletina. Manoletina lleva nombre de hombre, huele a toros, sabe a rancio y tiene tacto a negro y a charol.

Una bailarina, en cambio, evoca a la niña a la que su madre llevaba a ballet, puede tener estampado de tigresa y ¡qué demonios!: Quien lleva unas bailarinas es una bailarina.

El poder de la palabra. Ya no hay modas, hay tendencias.


ME HAS MIRADO MAL

Mis tiempos mozos fueron tiempos de discoteca y acid-house, tiempos de Sensación de Vivir, tiempos en los que aún proliferaban los yonkis pide-pelas antes de que todos acabaran en el crematorio junto con sus chandals y sus zapatillas Yumas fluorescentes. Tiempos duros.


En aquellos tiempos, el motivo más frecuente por el cual se originaban las peleas en las discotecas era, por increible que parezca, que alguien había mirado mal a otra persona. Que no digo yo que no hubiera esas malas miradas: que chulos, subiditos y tuertos hemos habido toda la vida de Dios.


Reflexionando ayer noche con el calor, pensaba que en el "me has mirado mal" se esconde una de las claves de cómo somos. El agresor había percibido en el mal-mirante algo que no le había gustado: tal vez una amenaza, tal vez una burla, tal vez una crítica, tal vez una sombra de su propia debilidad. En cierto sentido, esa mirada le estaba diciendo "eh, tú: ¿no ves que eres ridículo, que estás más pasado que Mayra Gómez Kemp?". El que nos mira mal, cree el agresor, es porque no tiene la mirada limpia, ni la conciencia clara. Y si algo es un agresor es un policía de conciencias.


El que pegaba a otro porque le había mirado mal se estaba vengando de la sociedad, se estaba encargando de eliminar a aquel que le decía, con un gesto, la basura social que era.


El chaval que se llevaba las ostias, una o varias, era culpable a ojos de la manada a la que pertenecía el agresor. Bastaba con que el agresor les dijera a sus amigos "me ha mirado mal". Era suficiente, ya que la mirada también iba por ellos: ellos vestián igual, hablaban igual, oían la misma música, bebían y fumaban lo mismo y en el mismo lugar. De hecho, a veces no hacía falta ni que percibiera esa mirada: alguien de la manada le podía decir: ese te ha mirado mal. Es un "me ha mirado mal" por delegación.


Si os acordais, las peleas en la puerta de las discotecas eran así. Fulano dice que Mengano le ha mirado mal y que le espera fuera. El resto, salíamos a verlo y nos divertíamos. Buenos tiempos.


LO DICE MI MUJER

"La forma más inteligente de mantener a la gente pasiva y obediente es limitar estrictamente el espectro de lo que es aceptable opinar, pero permitiendo que hayan enconados debates dentro de ese espectro"

Noam Chomsky